El alma de los dados
Hay noches en que las historias no caben en una sesión. Quedan flotando, como humo después del fuego, buscando un lugar donde posarse. Este blog es ese lugar. Aquí viven las voces que no tuvieron turno de palabra, los pensamientos que quedaron en pausa cuando los dados rodaron y la escena siguió su curso. Aquí, el juego se vuelve íntimo: no se trata de ganar o perder, sino de recordar qué sentimos cuando todo se desmoronaba. El alma de los dados no narra las partidas, sino lo que dejan dentro. Las heridas, las pequeñas epifanías, los gestos que no vieron los demás. Es el eco de los personajes cuando ya no los interpreta nadie, cuando son solo emoción suspendida entre el silencio y la página. Si has jugado alguna vez, tal vez reconozcas ese temblor. Si no, da igual: cada historia es una forma distinta de seguir viva.